martes, 26 de agosto de 2014

Existencia y Revolución


Nos enfrentamos a un problema fundamental para cualquiera que pretenda llevar adelante una transformación social planificada que tenga un horizonte emancipatorio, es decir para cualquiera que pretenda hacer la revolución. El problema es el siguiente. El sistema capitalista, productor de mercancías por antonomasia,  produce personas-mercancías y también pensamientos-mercancías. Esta mercancía es construida de forma tal que reproduzca el sistema una y otra vez. ¿Cómo puede ser posible en semejante panorama gestar un pensamiento revolucionario y una praxis revolucionaria, cómo los mismos sujetos que devienen engranaje del sistema por el sistema mismo pueden llegar a ser sujetos que destruyan el sistema y lo superen, es decir, sujetos revolucionarios?
Analizar las condiciones objetivas puede ser un comienzo. Sin embargo la actualidad y la historia nos muestran que hemos sido derrotados por el sistema. Somos, sin duda, una generación proveniente del fracaso de la anterior, nuestras lecciones son las de los desaparecidos, el exilio, el neoliberalismo y la derrota. En el presente actual encontramos resistencias, pero no vanguardias. Éstas están atomizadas, dispersas entre los terrenos. El capital se ha globalizado y las luchas se han dispersado. La realidad objetiva, el análisis economicista, nos conducen inexorablemente a una verdad: el capitalismo no caerá por sí mismo. Las fuerzas de la historia no conducen al triunfo de las clases oprimidas.
La transformación que buscamos no puede ser concebida en el largo proceso de las mediaciones, estas no conducen al cambio de rumbo. No podemos partir de deducciones históricas porque estas son un camino cerrado. La Historia ha finalizado.
Pero vislumbrar el límite es vislumbrar además lo que está más allá del límite. Si la realidad es el límite, entonces debemos ir más allá de lo real. Si lo que sucede es lo que nos condena entonces rechazamos nuestra condena y elegimos aquellos que nos han negado. Cuando todo esté dicho es el sujeto el que emerge como nueva fuerza creadora. A las condiciones objetivas oponemos la voluntad del sujeto. Cuando todas las puertas se hayan cerrado será nuestra voluntad la que como una maza abra brechas en los muros para alcanzar el horizonte negado.
Pero nuestra voluntad no es un toro embravecido que se estampa contra el primer paño rojo que agitan frente sí….Es la elección que niega nuestro presente y por lo tanto a nosotros mismo como sujetos mercancías resultados de la matriz capitalista. Es una violencia que se ejerce, primero sobre nosotros mismos, segundo sobre el sistema. Seremos como el monstruo de Frankesntein que se rebela contra su creador.
En la mitología cristiana Adán y Eva son expulsados del edén por cometer pecado, por transgredir los límites impuestos por Dios. Para el sujeto revolucionario antes del advenimiento de la revolución, el pecado será deshacerse de su condición de mercancía, transgredir los límites del capital. Pero no para ser expulsados del Edén sino para arrasar con el Edén mismo. Negarse uno mismo es abrir la posibilidad de la diferencia, del acontecimiento. La única fisura que queda es nuestra libertad de no-ser.   

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